TRABAJAR SIN GANAS (FEBRERO DE 2025)

 


Resulta extraño escribir el diario de un desempleado cuando todavía sigo trabajando. Es raro tener que estar unos días más aprendiendo sobre procesos que ya no me van a servir, sobre todo porque, después de recibir la noticia del despido, el ánimo se me fue al piso. ¿Con qué ganas puedo seguir adelante cuando sé que ya no tiene sentido? ¿Para qué una reunión más? ¿Cuál es el objetivo de esforzarme en algo que terminará pronto? No pretendo dejar tirado el trabajo, pero resulta muy difícil hallar una motivación si no hay manera de encontrarle un sentido a lo que hago.

Esta semana terminé de leer otra vez La conquista de la felicidad. Había olvidado que Bertrand Russell le dedica un capítulo entero al trabajo; entre muchas otras ideas, el filósofo afirma que ejercerlo es una de las formas más efectivas para encontrar la felicidad. Según él, trabajar es una de las mejores maneras que existen para llenar las interminables horas de vacío que conforman la vida del hombre. «(...) Si no se trabaja en exceso, incluso el trabajo más aburrido será menos doloroso para la mayoría de las personas que la ociosidad. En el trabajo hay muchos grados, desde el simple alivio del tedio hasta el deleite más profundo, de acuerdo con la naturaleza del trabajo y las habilidades del trabajador».

La idea de Russell es que el trabajo puede servir como un método eficaz para combatir el aburrimiento. Si, además de eso, tenemos la suerte de que nos gusta lo que hacemos y somos buenos en ello, trabajar puede «darnos una satisfacción de una clase mucho más elevada». Por desgracia, esto parece cada vez más difícil en el mundo de hoy, cuando el trabajo resulta cada vez más precario. En los tiempos que corren hay que llenar las horas con dos y a veces hasta tres trabajos mal remunerados para que la plata alcance (lo que va en contravía de lo que decía Russell antes: «si no se trabaja en exceso...»), y nada de ese panorama parece mejorar en el futuro. Al contrario: la llegada de la inteligencia artificial —que está cada vez más presente en la vida diaria—, amenaza con dejar a los humanos con muchísimos menos trabajos de los que ahora existen, y por eso la gran pregunta es qué haremos cuando empecemos a sentir que en realidad no somos tan indispensables como lo pensamos. ¿Qué vamos a hacer con esa cantidad de tiempo de ocio cuyo exceso Russell considera perjudicial? ¿Con qué llenaremos las horas de vacío? Y peor: ¿cómo vamos a lograr conseguir el dinero que resulta cada vez más necesario en esta sociedad? ¿O habrá que replantear el papel de la plata en nuestra cultura?


Alguien que lleva un buen tiempo en una pésima racha laboral, con trabajos inestables que no le duran demasiado después de haber hecho enormes esfuerzos por conseguirlos, me dice que es un círculo vicioso: la falta de trabajo lo deprime y lo hace sentir frustrado, pero ni siquiera puede pensar en ir a terapia porque para eso necesita plata. Y sin trabajo cómo. Supongo que la gran angustia de la mayoría es el dinero, incluso para los que no lo consideramos una de las grandes prioridades de la vida. Pero si bien es cierto que la plata no compra la felicidad (después de cierto punto puede causar el efecto contrario), también lo es que no tenerla es un motivo de angustia.

La próxima semana, que es también la última de febrero, me despediré de este trabajo y tendré que lidiar con la incertidumbre. Espero tener la suerte de, como dice Russell, encontrar un trabajo que me guste y con el que pueda sentirme satisfecho. Pero mentiría si dijera que lo considero fácil. O que a pesar de todo no deja de preocuparme el futuro.
 
Mientras tanto, sigo trabajando sin ganas. 

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