LA TRAMPA DE LINKEDIN PREMIUM (MAYO DE 2025)

 


LinkedIn me sugirió la suscripción a su versión Premium, ofreciéndome una prueba gratis de un mes. Luego de ese lapso, me advirtieron, empezarían a cobrarme poco más de cien mil pesos al mes. Como desde que me quedé sin un empleo fijo he empezado a visitar con frecuencia una red que antes veía poco, decidí probar. No voy a pagarles los cien mil pesos, por supuesto, pero pensé que por lo menos podía ver durante treinta días cuáles eran las diferencias con la versión normal.

Ya he dicho varias veces que esta red es, quizás, la que menos me gusta de todas las que tengo (hace años abrí Twitter y salí despavorido, y la verdad es que ya me siento muy viejo para engancharme como un heroinómano a Tik Tok). Pero es que ni siquiera ahora, cuando suelo abrirla más, dejo de sentirme como en una reunión de oficina en la que un montón de gente da consejos en spanglish basándose en todas esas experiencias que los han llevado destacarse en el feroz mundo laboral. Me dirán que no sé usarla, que es una red para la visibilidad y todo ese blablablá, pero lo cierto es que no logro dejar de sentir que todo en ella es falso, elaborado, aburrido. Prefabricado. Es como una entrevista de trabajo en la que todos quieren mostrar su mejor perfil, y créanme que lo entiendo. Ese es el juego. Solo que a mí me desespera.

 

 

Durante el tiempo en que he tenido la función premium no he visto grandes diferencias. Me permite saber quién ha revisado mi perfil, pero eso no me parece gran cosa. ¿Qué más da? Me ha sugerido algunos empleos que no se ajustan a lo que busco y me da una serie de análisis que me da pereza mirar a fondo. Tal vez es culpa mía (perdónenme, gurús del capitalismo), pero si no fuera por la idea de escribir este diario o de buscar otro empleo, quizás la olvidaría de nuevo y le haría un favor a mi salud mental. Me parece que LinkedIn juega un poco con esa lógica de la insatisfacción que promueven las aplicaciones de buscar pareja: hacerte la vaga promesa de que navegándola encontrarás algo mejor, pero, por otro lado, asegurarse de que no lo consigas tan fácil para que pases más tiempo en ella. ¿O qué otra cosa es esa notificación tramposa de que has aparecido en no sé cuántas búsquedas esta semana?

Ya sé que no todo es tan malo: escucho sus protestas hasta aquí. En serio. Yo mismo conseguí a través de esta red el trabajo que me duró dos meses, luego de un montón de entrevistas y pruebas y cháchara que ya no tiene mayor sentido traer a cuento. El pasado se fue. Sé que hay gente que gracias a LinkedIn ha podido conectarse con gurús de ese mundo del marketing que hoy nos meten hasta por las orejas y que eso le ha servido para su trabajo. Lo sé. Quizás el problema no es la red; tal vez el problema soy yo y esa mal llamada crisis de los cuarenta que me lleva a preguntarme, todos los días, qué es lo que realmente quiero a esta altura de mi vida.

Igual no pienso pagar un solo peso por LinkedIn Premium.   

 


 

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