ESPERAR LA LLAMADA (JULIO DE 2025)



Completé cinco meses sin un trabajo fijo. Si no fuera porque la matrícula del colegio de mi hijo llega siempre puntual, casi que podría seguir explorando este mundo de la independencia, que me ha permitido ocupar mi tiempo en distintos encargos que me gustan. El problema es que no me alcanza la plata para ajustar los gastos del mes aunque no haya parado de escribir aquí y allá, y me angustia seguir echando mano de los ahorros mientras espero la llamada, o el mail, o el mensaje de esa oferta a la que apliqué y que va a cambiar, otra vez, el rumbo de este año desquiciado.

He tratado de ser selectivo durante estos meses. Tengo 43 años y la verdad es que, a estas alturas, hay ciertos trabajos que ya no me gustaría hacer. No he aplicado a todo lo que he visto, pero sí me he tomado el tiempo de rellenar formularios para algunas ofertas interesantes. Tuve una entrevista para un trabajo que me recomendó un amigo, pero, luego de hacerla, supe que en realidad no quería emplearme ahí. Supongo que esas cosas se evidencian de alguna manera, no lo sé, y por eso cuando me avisaron que habían seleccionado a otra persona sentí cierto alivio en medio de la angustia que a veces me ataca. Luego me sentí mal porque sé que no debería darme el lujo de exigir. Lo entiendo, pero así son las cosas.  


Como sea, me parece difícil engancharse en un empleo porque sí, porque no hay otra opción, y luego odiarlo con tanta vehemencia que uno solo espere la hora de salida. Ya viví esa situación una vez y solo aguanté cuatro meses, aunque por esos días mi esposa estaba embarazada y no teníamos claro qué nos traería el futuro. Aunque así seguimos hoy: la supuesta seguridad no es más que una ilusión engañosa.  

A veces me pregunto qué sucederá si sigue pasando el tiempo y no aparece nada concreto. Trato de detener la cascada de escenarios catastróficos que imagino y me digo, una vez más, que esta situación no puede ser eterna. Todo pasa, me repito, más como un mantra para darme consuelo y seguir adelante. No estoy solo, eso también lo sé. Intento no pensar demasiado en ese tema, pero a veces me entra la ansiedad por esa llamada que no llega, por ese mail que llevo algún tiempo esperando. Reviso el correo, entro a LinkedIn (aunque siga odiando esta red, qué puedo hacer), hablo con amigos, paso mi hoja de vida aquí y allá.

El 2025 ha sido todo un ejercicio de paciencia.  


 

Comentarios

Entradas populares