LA ÚLTIMA ENTRADA

 

Durante la pandemia leí mucho a Séneca. Seguí luego con Marco Aurelio, Cicerón y Epicteto, que me sirvieron para calmar un poco la mente en esos momentos de incertidumbre. Me gustan los filósofos estoicos desde hace años, aunque la corriente se haya vuelto una moda y actores convertidos en gurús espirituales, como Andrés Parra, sean ahora predicadores de las redes sociales. No está mal, pero siempre será mejor ir a la fuente original. 

Por estos días volví al Manual de vida de Epicteto. Me parece maravillosa, aunque utópica, esa manera de ver la vida: dejar de preocuparnos por aquello que no está en nuestras manos y tener en cuenta que nada en realidad nos pertenece; todo es pasajero, incluyendo la gente que más queremos, los trabajos y las posesiones materiales. La vida misma es pasajera. Si logramos entender eso, seremos imperturbables. Suena fácil, claro. El problema es aplicarlo. Por supuesto que es casi imposible no mortificarse ante la muerte de la esposa o una quiebra económica, pero tratar de ser conscientes de la manera en que reaccionamos a ello hace una diferencia enorme. 

Me he repetido esa frase muchas veces a lo largo de estos cinco meses. «Esto también pasará», pienso, evocando el título de esa novela de Milena Busquets que me gustó hace unos años. Y, en efecto, pasó: cinco meses más tarde, he conseguido otro trabajo. No voy a adelantar mucho aquí; solo diré que es una oportunidad que me tiene contento, en un sector que me gusta. ¿Qué aprendí en este tiempo? Casi todo ya lo he dejado consignado en este blog, así que no vale la pena repetirlo. Quisiera, sí, agradecerle a la gente que me dio su apoyo, a los amigos que no me dejaron solo y a los que me ofrecieron los varios trabajos freelance que hice a lo largo de estos meses. Fue bello volver al periodismo y hablar con gente tan interesante. Eso es lo que más me ha gustado siempre de este oficio.

Así que hasta aquí llega este ejercicio de escritura. Esta es la última entrada. No sé si haya servido de algo o no, sobre todo por haberlo compartido en una red donde casi no se permite mostrarse vulnerable; al contrario: en LinkedIn la gran mayoría son exitosos, emprendedores, gurús del marketing y empleados modelos. Es absolutamente desesperante, y por eso me alegra volver a alejarme de aquí. Debo reconocer, sin embargo, que para mí fue un buen ejercicio; escribir siempre me ha ayudado a llevar los momentos difíciles. Sé que nada es estable, que la vida es frágil y que en cualquier momento todo puede cambiar otra vez. Así vivimos todos. Pero, mientras tanto, me despido. Gracias a los que leyeron. Gracias a los que comentaron. Gracias a los que quizás se identificaron con estas líneas.

Volveremos a leernos.    


 

Comentarios

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  3. Felicidades por el nuevo trabajo! Justo quedé sin empleo más o menos al tiempo contigo, y estoy en la última espera del que parece será mi siguiente paso profesional, así que, gracias por la compañía sincrónica y las reflexiones oportunas.

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